Columna de -Aristidemo-
Hola
Se me había olvidado que tenía que escribir una editorial semanal, al menos, para todos ustedes, queridos lectores. Se me había olvidado porque así pasa, se me olvidan las cosas. Es parte de este nomeimporta que me aqueja desde adolescente. La mayoría de las cosas que llevo a cabo diariamente no tienen nada que ver con el recordar. O, mejor dicho, las hago sin pensar y, por lo tanto, sin un sentido claro de los porqués. Así, de repente me encuentro con que mi trabajo no me gusta o con que las semanas se van como pedo entre las manos, nulas, borroneadas, y ya es el 2010 cuando apenas hace un rato era el año 2000, y ya peso 83 kilos cuando ayer pesaba 72. Entonces sí me importa, pero ya es demasiado tarde.

La frase “Ni modo” define gran parte de mi vida. Se me han ido mujeres, viajes, trabajos, fiestas, conciertos, experiencias de esas que llaman interesantes, todo, nomás porque se me olvida que ahí están, esperando a que las tome, a que las haga, a que las viva. Un porcentaje mayoritario de mis anécdotas acaban mal, es decir, son truncas o fútiles, por sus finales tipo: … Pf, no recuerdo ninguno, pero siempre acaban mal. Por ejemplo, en meses pasados, con mi mujer embarazada, se me olvidaba eso, que estaba embarazada, que el esperma era mío y que ella necesitaba cosas como el ginecólogo o atenciones especiales. Ahora que ha dado a luz, se me olvida eso, que el esperma resultó niña, que respira y come, que ya soy padre y ya valió madre. (Bueno, resulta que mi mujer está pasando la cuarentena en su ciudad y yo estoy perdiendo el tiempo como siempre en la mía. Eso ayuda. Cuando estén acá, dentro de unos días, ya no podré olvidarlo tan fácil. Simplemente, con las desveladas de llanto y caca es suficiente para que esté siempre presente). Tengo dos meses con la casa en dizque reparación, tengo que comprar un montón de cosas, tengo que contratar un carpintero y un plomero y un servicio de lavado de alfombras. Ah, porque además soy un inútil: no sé nada de albañilería, ni de fontanería, ni de instalaciones eléctricas. Y ahí estoy, pegado a la máquina o leyendo una entrevista a Nicole Kidman o bebiendo cerveza tras cerveza, fumando y puñeteandome antes de dormir. Soy un mal hombre, un indolente desobligado. No podría ser un “hombre malo”, en todo caso. Para ser malo hay que actuar en consecuencia. Yo no actúo. Se me olvida.

Pero también soy un hombre afortunado. Desde hace años que las cosas me llegan solitas, sin que mi voluntad como tal estuviese en juego. 1. Mi trabajo. Soy bibliotecario del H. Congreso de mi estado por obra y gracia de un tío ex diputado con el cual nunca he mantenido una relación cercana; un día llamó a casa, me lo ofreció, lo tomé y ahí estoy, tres años de un trabajo con tanto tiempo libre que agota (loscuentos.net son testigo de ello). 2. Mi casa. La renta que pago es la mitad de lo que vale el lugar en el que vivo. Mi rentera fue mi vecina y esta casa la tenía deshabitada desde hace mucho tiempo. Tuvimos un acostón aquí mismo. Un día le dije, bromeando, que le ofrecía tanto de renta, sabiendo el verdadero costo. Primero dijo que no. Luego dijo que sí. Claro, me estima, nos estimamos, y ella tiene otros ingresos para vivir bien.
Tres años ha y no me ha subido un peso. 3. Mi mujer. La conocí por medio de la paginita azul. La invité a venir unos días, quince para ser exactos, y ya son más de tres años juntos. Me gusta más ahora que cuando llegó y estoy seguro que por otros medios o acciones jamás hubiera encontrado a alguien como ella. Sobretodo porque me soporta. 4. Mi hija. ¿Me creerán que yo no la pedí?

Sí, todo eso hace poco más de tres años (y ahora caigo en que todo se lo debo a mí tío el ex diputado). Los ocho años anteriores me la pasé encerrado en una recámara, dopado, leyendo y escribiendo, durmiéndome a las 4 o 5 de la madrugada, despertando a mediodía, recibiendo barbajanes continuamente, dando pena ajena a mis padres, feliz, infeliz, libre y acomplejado, sin un peso. Esto es cierto: vivir de noche, ser nocturno, muestra, como ninguna otra cosa, lo absurdo de todo el trajín diurno, cotidiano; todo ese venir y correr y pagar y deber; todo ese preocuparse. Si al final del día no somos más que un ejército de ositos dormilones entre sábanas de algodón, indefensos como una florecita, babeantes. Yo era sabio cuando mi desayuno era la comida de otros y mi cena era su quinto sueño. Tuve trabajitos de mierda en varias ocasiones, todos abandonados a la segunda o tercera quincena. Leí como nunca más voy a leer en mi vida, en un desorden gozoso que sólo me hacía hablar de eso, y escribí como nunca más he vuelto a hacer, libreta tras libreta, llenas de cosas malísimas, pero malísimas de veras, que resguardaba como cualquier poetastro pésimo guarda sus miserias: como lo máximo. Acompañantes lugarcomunescos: Nietzsche, Kafka, Bukowski, Beckett. Y todo el cine idem y toda la música gronch. Sí, era un buen muchacho, inútil e inofensivo, cultillo asombrabobos, azotado y hablador.

Ya, que lo sigo siendo. Ni modo. Apunto sólo para dar luz sobre cómo vivo otra vida, hago otras cosas, trato con otra gente, sin querer queriendo. Pero como sigo siendo lo que soy, se me olvida que me gusta hacer ciertas cosas que no tienen nada que ver con las que tengo que hacer. Cosas como esta editorial, amadísimos lectores, cariños míos, mis iguales. También esto me llegó sin pedirlo. Mi tío Cafeina me rogó como loca en celo que les aportara algo de mi dulce prosa en este rancho de cuarta. No tenía que hacer tanto show, es un honor. Les pido una disculpa por mi distracción. ¿Han visto que Madrobyo volvió subir sus únicos cinco cuentos? No es posible... ¿Qué opinan de la frase “Los españoles están acomplejados, por un lado se sienten superiores a los que conquistaron y por otro se sienten menos ante la Comunidad Europea”? Me la dijo alguien que vive allá. ¿Pachita y Rigby siguen enamorados? Que alguien los borre, carajo. ¿Quién me puede dar datos concretos sobre Deimos? ¿Es cierto que Sensei Koala ya habla con la zeta? ¿Creen que mi consumo de marihuana tenga algo que ver con mis amnesias cotidianas? ¿Dónde está el baño? ¿Quieren apostar algo a que México le gana a Uruguay en el mundial? ¿Ya volvió Guy de su labor de rescatista en Valparaíso? ¿Vogelfrei puto?

¿Hola?







¿Hola, hola?

-Aristidemo- (06.03.2010)
La culpa es de los Rolling Stones
Rat Killer

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